Navegando por las Complejidades de la Cultura Corporativa

Desde el 2005, a través de nuestras publicaciones “Auditoria Interna Alrededor del Mundo”, en Protiviti hemos venido estudiando las tendencias y los desafíos que las áreas de Auditoria Interna enfrentan en todas las organizaciones del mundo.

Y en este 2017, encontramos que los Auditores Internos están enfrentando un nuevo desafío, el auditar la cultura de riesgo dentro de las organizaciones. Es por eso que este Volumen 13 lo hemos titulado “Navegando por las Complejidades de la Cultura Corporativa”, en el cual analizamos las experiencias de 15 empresas alrededor del mundo que hoy están enfrentando este nuevo desafío.

Esperamos que esta edición les proporcione información valiosa sobre cómo una organización puede abordar la auditoría de su cultura de riesgo.

Los invitamos a descargar el estudio a través de los siguientes links:

Inglés: https://www.protiviti.com/sites/default/files/united_states/insights/ia-around-the-world-v13-protiviti.pdf

Español: https://drive.google.com/file/d/0BxtCMJRIs42BcDZpUnZhRTlwcTA/view

Marco Villacorta – Managing Director, Protiviti

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¿Es posible acabar con la corrupción?… Volviendo al campo de la moral y los valores

El villano de la corrupción está más grande y poderoso que nunca, su sombra perversa envuelve a todos los ámbitos y órdenes de la sociedad, el país sufre sus cada vez más fuertes embates y parece no haber salida al final de este túnel oscuro. Los casos de corrupción se han incrementado vertiginosamente, prueba de esto es que las denuncias relacionadas con delitos de corrupción recibidas por la Policía Nacional, así como las investigaciones que lleva a cabo el Ministerio Público crecen un 30% anual, según la Evaluación Nacional de Riesgo de lavado de Activos y Financiamiento del Terrorismo (ENR). El monto que la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) investiga por lavado de dinero teniendo a la corrupción como delito precedente asciende en los últimos 12 meses, contados a marzo, a US$ 446 millones. Las investigaciones por este delito concentran el mayor monto (53%), superando al narcotráfico (US$ 19 millones) y minería ilegal (US$ 98 millones), entre otros (1). El combate a la corrupción desde múltiples flancos es imprescindible e impostergable pero no por razones de oportunismo o de cumplimientos normativos sino por el serio y genuino compromiso con el cambio que empieza por uno mismo. En otras palabras, no se puede pretender un cambio externo si primero no ocurre una transformación interna, tampoco se puede lograr si los líderes no son ejemplo para los demás. Es por ello que, además de optimizar los procedimientos y medidas de control anticorrupción, es imprescindible volver al campo de la moral de manera práctica y eficaz, y que los principios y valores se vuelvan una prioridad, solo así se ataca la raíz del problema y se promueve un cambio colectivo que fomente la fortaleza del carácter de hacer lo correcto por encima de los deseos, circunstancias y beneficios a corto plazo.

(1) Fuente: Unidad de Inteligencia Financiera: Gestión, 2017.

Por: Mariano Sayan – Director de Protiviti Perú

PREVENCIÓN DE LA CORRUPCIÓN … UN COMPROMISO CON LOS VALORES

La corrupción es el resultado de una degradación moral que se basa en la acción y el efecto de corromper, destruir y dañar a las personas o entidades. Cuando el ser humano pervierte su mente, acepta que sea usada para crear razonamientos que sustituyan a los principios éticos universales. Estos razonamientos justifican todo tipo de acción corrupta, pero no evitan los efectos y consecuencias de haber cedido ante ella. En la actualidad, la presencia de la corrupción en todo ámbito es indudable;  se instaló como sistema por el afán de la ganancia a corto plazo sin tener una perspectiva clara de los resultados finales. Un proverbio oriental señala: “A los justos los guía su integridad y endereza su camino;  a los falsos los destruye su hipocresía y los atrapa su codicia”. Creer que uno puede valerse de la corrupción para satisfacer deseos egoístas sin ser afectado por ella, es tener la vista muy corta y sesgada por la avaricia, ya que la corrupción lleva consigo el potencial para dañar y destruir a todos los involucrados en ella.

La coyuntura actual del país encarna el germen de la corrupción, la desconfianza va en aumento, la suspicacia reside fuerte en las relaciones y cada vez hay menos modelos de integridad para las futuras generaciones. En una encuesta realizada por la organización “Transparencia Internacional” en el 2016, más del 80% de los peruanos encuestados declaró que el Sistema Político, el Poder Judicial, el Congreso de la República y la Policía Nacional eran corruptos o extremadamente corruptos; en el caso de las Empresas Peruanas fue el 50% de los encuestados que las percibió dentro de esta categoría. La razón y el sentido común exigen  un cambio; sin embargo, Helvétius (1774) señala que los hombres se oponen a la razón cuando va en contra de ellos mismos, de sus propios intereses (1). Por ello, el primer paso en la lucha contra la corrupción radica en la toma de conciencia, saber que no hay favorecidos a pesar del estímulo del momento, todos los implicados en actos de corrupción tarde o temprano serán perjudicados, tanto los actores como las víctimas.

En el ámbito empresarial, el costo de la corrupción implica consecuencias intangibles, como son el deterioro del prestigio profesional y la pérdida de confianza y lealtad de sus colaboradores; así mismo conlleva consecuencias materiales, que se reflejan  en grandes pérdidas de dinero. En el Perú, en el año 2007, la Casa Editorial “El Tiempo” publicó que la impuntualidad le costó al país US$ 1.5 millones. En la actualidad, se asegura que la paralización del gasoducto del sur, producto de la corrupción, significa la pérdida del 1% del PBI nacional, lo que equivale a US$ 2,000 millones (2). La repercusión que la corrupción tiene en la economía del país es evidente, pero habría que pensar también, cuánto le cuesta a las empresas la impuntualidad de sus trabajadores, el mal uso del tiempo e instalaciones, el robo, el fraude, el ausentismo laboral, la alta rotación, entre otros. Un ejemplo actual del costo de la corrupción en el ámbito empresarial es la sanción de Indecopi a las empresas Kimberly Clark y Protisa por la concertación de precios de papel higiénico. Las multas impuestas por la comisión, en primera instancia administrativa, ascendieron a S/. 171 millones para Kimberly Clark y a S/. 104 millones para Protisa. Sin embrago, de acuerdo al Programa de Clemencia, se exoneró de la sanción a la primera y se redujo la sanción en 50% a la segunda por su colaboración. De todos modos, estas descargas no las libran de la imposición de medidas correctivas ni de una eventual reparación judicial por daños y perjuicios (3).

Es por ello que, además de optimizar los procedimientos y medidas de control anticorrupción, es imprescindible volver al campo de la moral de manera práctica y eficaz, y que los principios y valores se vuelvan una prioridad en las organizaciones. En la lucha contra la corrupción, decidirse por la promoción del capital social intangible embiste la raíz del problema y genera beneficios tanto materiales como inmateriales. Según el Banco Mundial, este capital intangible significa el 80% de la riqueza de los países más ricos del mundo, por encima del capital natural (3%) y el capital productivo (17%) (4). Es necesario establecer el hábito en la empresa de generar un espacio y dedicar un tiempo para la reflexión interpersonal en base a principios y valores y, más importante aún, que los colaboradores integren en su comportamiento la base práctica de estos principios en su vida cotidiana. Son los principios y valores, instalados en la cultura organizacional, el mejor remedio para revertir la situación actual caracterizada por una alta presencia de infracciones, solo así se podrá contar de un personal confiable, leal y comprometido.

Todos los seres humanos aspiran a una mejor calidad de vida, la diferencia reside en el camino que eligen para lograrlo. Cuando una cruza la delgada línea entre la ambición y la codicia es cuando la prudencia y el buen juicio se ven afectados y se justifican los medios por fines egoístas. Esto se origina y ocurre en el interior de las personas, en la reflexión subjetiva cargada de afecto motivacional y de pensamientos y creencias que articulan y justifican toda conducta corrupta. Instruir a las personas con principios y valores que revelen la verdadera naturaleza de la corrupción, que estimulen la fibra moral y que motiven comportamientos éticos es un efectivo mecanismo para prevenir delitos y reducir significativamente el riesgo de su comisión, en consonancia con el Artículo 17 del Decreto Legislativo N° 1352, acerca de la implementación de un modelo de prevención en las organizaciones. El combate a la corrupción desde múltiples flancos es indispensable e impostergable para el buen desarrollo económico de cualquier entidad. Al fin de cuentas, el objetivo de la empresa, además de buscar resultados y crecimiento económico,  es servir al público, proporcionando bienes y servicios deseados y, al mismo tiempo, no perjudicando a la comunidad y a sus ciudadanos.

El CEO de Hershey Company, Richard Zimmerman expresó, “Con el transcurso del tiempo, hablar sobre valores será considerado como algo especial; tan especial como el mercado, la logística, la planificación estratégica o pensar y tomar decisiones”. Los líderes han abandonado la responsabilidad de ser personas que influyan positivamente en los demás con una vida basada en principios éticos morales. Toda organización se establece en función del influjo de sus autoridades, sin un ejemplo de integridad que fomente una cultura basada en valores no existe esperanza alguna de lastimar y reducir  la corrupción. Teniendo conocimiento del valor que tiene el capital social intangible y del costo que significa una cultura viciada por la corrupción, es esencial asumir el compromiso de hacer de los principios y valores una prioridad en las organizaciones. En este sentido, al trabajar con los pensamientos y motivaciones de las personas, que son el fundamento sobre el cual se constituye el carácter ético o su contrario, se podrá crear una nueva conciencia en los colaboradores y se provocará un cambio colectivo que fomente la fortaleza del carácter de hacer lo correcto por encima de los deseos, circunstancias y beneficios a corto plazo. Ensanchar la conciencia ética en base al desarrollo de principios y valores es el mejor aliado de las necesarias medidas de control anticorrupción y el principal antídoto para este gigante adversario, solo así se ataca la raíz del problema y se eleva el nivel del capital social intangible, quien es el gran generador del capital económico.

Por: Mariano Sayan – Director de Protiviti Perú

(1) Helvetius, C. (1775). Los progresos de la razón en la investigación de lo verdadero.
París.
(2) Fuente: Ugaz, J (2017). El costo de la corrupción. Lima. Recuperado de http://elcomercio. pe/opinion/columnistas/costo-corrupcion-jose-ugaz-noticia-1973608
(3) Fuente: Lira, J (2017). Indecopi sanciona a Suave y Elite por acuerdo de precios. Lima.
Recuperado de http://gestion.pe/economia/indecopi-sanciona-suave-y-elite-acuerdo-precios-papel-higienico-2186721
(4) Fuente: Galán, I (2014). El Banco Mundial destaca que el 80% de la riqueza es capital intangible. Lima. Recuperado de https://antxonsarasqueta.com/2016/10/08/el-80-de-la-riqueza-es-capital-intangible/